Es evidente que las pandemias, más allá de los avances científicos y médicos que proporcionan, no suponen beneficio alguno.

No obstante y en el presente caso, quizás se pueda extraer un matiz con cierto halo positivo. Porque, al fin y al cabo, el coronavirus está poniendo en el punto de mira la importancia de la calidad del aire en interiores y, por extensión, en exteriores. Y entender la relación entre contaminación y salud supone avanzar muchos enteros en el ámbito de la salud pública.

¿Cómo se mide la calidad del aire en interiores?

Si eres de esas personas que sigue la actualidad, durante estos días habrás escuchado o leído lo relevante que es velar por una buena calidad del aire en espacios interiores. De hecho, los virus suelen hacer de los recintos cerrados con alta densidad de personas y mal ventilados su particular “territorio de caza”. Y cuando se tiene en cuenta que pasamos, aproximadamente, entre el 80 y el 90% de nuestro tiempo bajo techo (1), esa suma de factores solo puede implicar problemas.

Hasta el momento, gran parte de la atención mediática se está centrando en los colegios. Pero la calidad del aire interior es una cuestión que debiera preocupar a todo tipo de locales: oficinas, centros asistenciales, hospitales, edificios públicos, etc. Ahora bien, ¿qué variables hay que tener en cuenta como mínimo para asegurar una buena calidad del aire en interiores?

Dióxido de carbono (CO2), temperatura, humedad y grado de ocupación de una estancia, 4 factores a considerar

Antes que nada, queremos dejar claro que las soluciones que te proponemos no van a detener por sí solas los virus (léase coronavirus o cualquier otro microorganismo presente en la atmósfera). Por tanto, será necesario poner en práctica otra serie de medidas higiénico-sanitarias para su contención. En este sentido, los sensores con los que se puede equipar una estancia son un complemento, una ayuda. Su principal objetivo es dar a conocer cuáles son las condiciones ambientales de un espacio cerrado y alertar de la necesidad de poner en práctica medidas que mejoren la calidad del aire (apertura de ventanas, configuración de los sistemas de aire acondicionado, revisión de los filtros de aire, etc.).

Una vez aclarado este detalle, veamos qué variables conviene tener en cuenta para crear una atmósfera que dificulte la propagación de los microorganismos.

Dióxido de carbono (CO2), un indicador fundamental

El dióxido de carbono (CO2) es uno de los principales indicadores para conocer cómo es la calidad del aire en interiores. No en vano, es un gas que producimos y exhalamos como resultado de nuestro metabolismo. Por lo tanto, cuando sus niveles son elevados, puede ser señal de que la ventilación de un local es deficiente. En las escuelas, por ejemplo, y atendiendo a la norma UNE-EN 13779 y el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) (2), se recomienda que la concentración no sobrepase las 500 partes por millón (ppm).

En Arantec, por ejemplo, estamos trabajando con el Ayuntamiento de Sabadell para monitorizar la concentración de CO2 en el interior de edificios públicos. Para su medición, trabajamos con sensores compactos que, dispuestos de forma estratégica y conectados vía LoRaWAN, transmiten a nuestra plataforma la información en tiempo real, facilitando la toma de decisiones.

Sensor ELSYS para medición de la calidad del aire en interiores

En el siguiente vídeo, correspondiente a una escuela cerca de París, puedes ver cómo la instalación de sensores está permitiendo a las autoridades monitorizar, además del CO2, otro tipo de compuestos.

Humedad y temperatura, dos variables importantes en la propagación de los virus

Humedad y temperatura son dos variables que van de la mano. Así, y especialmente en invierno, es frecuente encontrar locales con una temperatura confortable, pero una humedad relativa muy baja. Y, atendiendo a los datos, estas condiciones no son las más adecuadas cuando se busca reducir la capacidad de transmisión de un virus.

En el caso concreto del coronavirus, es cierto que aún hay más dudas que certezas. No obstante y por lo que conocemos acerca del comportamiento de otros virus respiratorios, se estima que la transmisión es más fácil cuando la humedad relativa es inferior al 40 % (3, 4). Asimismo y en relación con la temperatura, se recomienda establecerla en un rango de entre 20 y 24 ºC (5).

No obstante y como comentábamos, en torno a la incidencia que tienen estas variables hay opiniones encontradas. Así, por ejemplo, la Asociación de Fabricantes de Equipos de Climatización (Afec) asegura que no tienen un efecto práctico debido a la resistencia de los coronavirus frente a los cambios ambientales.

Presencia de personas en un recinto

Una de las principales medidas para hacer frente a la pandemia es la limitación de aforo en los locales cerrados. El objetivo, reducir el número de personas para minimizar las posibilidades de contagio.

Por esta razón, los sensores que monitorizan la ocupación de un local también pueden ser una herramienta útil. La detección de la presencia de personas se lleva a cabo tanto por movimiento como por el calor que desprende el cuerpo humano. De este modo, su instalación podría servir como complemento a los sensores de CO2, por ejemplo.

Cuando la calidad del aire en interiores afecta al rendimiento

Hasta el momento nos hemos centrado en ver cómo supervisar los condicionantes ambientales que facilitan o dificultan la propagación de los virus. Al fin y al cabo, la actualidad manda.

Pero la calidad del aire interior también influye sobre el rendimiento laboral o educativo. Así y según una encuesta realizada en 2016 por la Building Engineering Services Association (BESA) del Reino Unido, el 70 % de las personas afirmaron experimentar una pérdida de productividad a consecuencia de las condiciones ambientales que soportaban de forma habitual.

De hecho, la fatiga, las pérdidas de concentración o los dolores de cabeza son síntomas que evidencian, en muchas ocasiones, la necesidad de mejorar la ventilación de un espacio cerrado. MacNaughton et al calcularon, por ejemplo, que una mejora en los sistemas de ventilación que suponía invertir menos de 40 dólares anuales por persona se traducía en una mejora de la productividad equivalente a 6 500 dólares al año (6).

Pero también existen otros factores que repercuten sobre el rendimiento académico o laboral de una persona.

Iluminación y ruido, dos variables con afección directa en el rendimiento

El confort visual, entendido como condiciones de iluminación, y la contaminación acústica, esto es, el ruido, repercuten de forma negativa sobre el provecho de una actividad.

En el caso de la iluminación, esta dependerá del trabajo a desarrollar o la edad del personal empleado. No obstante y a modo de orientación de los beneficios que puede introducir su monitorización, sirvan un par de datos extraídos de un informe del Buildings Performance Institute Europe (BPIE) de 2018 (7):

  • cada 100 lux en la mejora de la iluminación en las escuelas se asocia con un aumento del 2,9% en el rendimiento educativo; y,
  • en las oficinas, cada 100 lux de aumento en el nivel de iluminación aumenta el rendimiento de un trabajador en un 0,8%. 

En relación con el ruido, la legislación vigente (8) establece índices de calidad acústica con un rango de entre 30 y 35 decibelios, que varían según la actividad o tipología del local.  No obstante, conviene tener en cuenta que la respuesta al ruido tiene un notable carácter subjetivo. Por tanto y citando nuevamente el informe del BPIE, la mejora en el confort acústico supone

  • un aumento del rendimiento académico del 0,7% por cada 1 dB de disminución del exceso de ruido;
  • una mejora en el rendimiento del 0,3% por cada 1 dB de disminución en el exceso de ruido en oficinas.

Conclusión

La crisis sanitaria provocada por el coronavirus nos está haciendo más conscientes de la calidad del aire en interiores que soportamos de forma habitual.

Pero estas condiciones ambientales no solo favorecen o frenan la transmisión de los microorganismos. También también tienen incidencia sobre el rendimiento de las personas.

Ahora piensa en lo que la moderna tecnología sensórica puede ofrecerte, en las posibilidades que te brinda para reducir riesgos e incrementar la sensación de bienestar. En la oportunidad, en definitiva, para adoptar mejores decisiones basadas en datos reales.

Fuentes consultadas:

  • (1) American Society of Heating, Refrigerating and Air-Conditioning Engineers. (2011). ASHRAE Guideline 10-2011, Interactions Affecting the Achievement of Acceptable Indoor Environments. ASHRAE
  • (2) España. Real Decreto 1027/2007, de 20 de julio, por el que se aprueba el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios. Boletín Oficial del Estado, 29 de agosto de 2007, núm. 207, pp. 35931 a 35984. https://www.boe.es/boe/dias/2007/08/29/pdfs/A35931-35984.pdf
  • (3) Ahlawat, A., Wiedensohler, A. and Mishra, S.K. (2020). An Overview on the Role of Relative Humidity in Airborne Transmission of SARS-CoV-2 in Indoor Environments. Aerosol Air Qual. Res. 20: 1856–1861. doi:10.4209/aaqr.2020.06.0302
  • (4) Clements, N., Binnicker, M., & Roger, V. (2020). Indoor Environment and Viral Infections. Mayo Clinic Proceedings, 95(8), 1581-1583. doi: 10.1016/j.mayocp.2020.05.028
  • (5) Quraishi, S., Berra, L., & Nozari, A. (2020). Indoor temperature and relative humidity in hospitals: workplace considerations during the novel coronavirus pandemic. Occupational And Environmental Medicine, 77(7), 508-508. doi: 10.1136/oemed-2020-106653
  • (6) MacNaughton, P., Pegues, J., Satish, U., Santanam, S., Spengler, J., & Allen, J. (2015). Economic, Environmental and Health Implications of Enhanced Ventilation in Office Buildings. International Journal Of Environmental Research And Public Health, 12(11), 14709-14722. doi: 10.3390/ijerph121114709
  • (7) Building 4 People: Quantifying the benefits of energy renovation investments in schools, offices and hospitals | BPIE – Buildings Performance Institute Europe. (2018). http://bpie.eu/publication/building-4-people-valorising-the-benefits-of-energy-renovation-investments-in-schools-offices-and-hospitals/
  • (8) España. Real Decreto 1367/2007, de 19 de octubre, por el que se desarrolla la Ley 37/2003, de 17 de noviembre, del Ruido, en lo referente a zonificación acústica, objetivos de calidad y emisiones acústicas. Boletín Oficial del Estado, 23 de octubre de 2007, núm. 254, pp. 42952 a 42973. https://www.boe.es/boe/dias/2007/10/23/pdfs/A42952-42973.pdf

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